Mascarilla al volante… cuándo y cómo hacer uso
Proteger las principales vías de infección, boca y nariz, es algo que en principio no estamos obligados a hacer cuando nos desplazamos con nuestro vehículo. El habitáculo del coche nos aísla completamente de otras fuentes de contagio, aunque, eso sí, es recomendable desinfectar el automóvil cada vez que nos bajamos de él si después va a ser utilizado por otra persona. Por lo tanto, si viajamos solos no hará falta que llevemos puesta una mascarilla protectora mientras conducimos.
Únicamente deberemos hacerlo como medida de prevención cuando nos desplazamos junto a otras personas. De esta manera ponemos una barrera protectora con las demás personas que viajan con nosotros para evitar el contagio del coronavirus.
Ahora bien, cuando alguien equipado con una mascarilla se pone al volante ha de tener en cuenta que la pieza debe ajustarse de forma correcta a la zona de la boca y de la nariz y que sea de un tamaño adecuado, ni demasiado grande ni demasiado pequeña, para que se consiga una correcta sujeción de la misma. La mala colocación de la tela o su tamaño puede acabar derivando en problemas que supongan la pérdida de capacidades para la conducción.
En dos casos puede afectar al campo de visión del conductor. En el primero de ellos, cuando la mascarilla cubre parte de la zona ocular y en el segundo, si el conductor lleva gafas, cuando por el efecto de la respiración se le empañan los cristales de las lentes. Además, hay que tener en cuenta un tercer escenario: que la mascarilla no sea del tamaño adecuado y que su uso moleste al conductor porque le aprieta o se le cae, lo que le podría acabar generando una situación de estrés que le hiciera perder la concentración.
Si se da uno de estos supuestos, el conductor puede ser multado por el agente de la autoridad si considera que el uso de la mascarilla le impide mantener “su propia libertad de movimientos, el campo necesario de visión y la atención permanente a la conducción”. Esta infracción está considerada como falta leve y conlleva una multa de 80 euros.
Así que si has de ponerte al volante debes saber que no es necesario que lleves puesta la mascarilla, siempre y cuando viajes solo. Si lo haces en compañía de otras personas que no sean del núcleo familiar deberás ponértela para evitar la propagación del coronavirus. Pero, eso sí, ya sabes cómo debes colocártela para que no te puedan sancionar por las consecuencias que pueden derivarse por su mal uso.